Jugar a cromos

Dedicado a mi hermana Paula que también fue una princesita.

Quiero regalar a una “princesita” de cuatro años una cajita llena de cromos y enseñarle a jugar con ellos. Es misión imposible, no hay manera de encontrar por ninguna parte los cromos que yo quiero, que no son de futbolistas, ni de series de televisión y ni tan siquiera son rectangulares y tampoco se pegan. Quizás sea ya un juego demasiado simple para las niñas de ahora que saben jugar con maquinitas y contra ellas ganan o pierden.

Nosotras jugábamos a “cromos” que eran pequeñas estampas coloreadas con dibujos de animales, flores…,Su contorno y tamaño variado, siempre pequeño, y algunos, los más lujosos cubiertos de brillantina.

cromos para picar

Los atesorábamos en cajas, a ser posible de lata y bien bonitas. Se compraban por hojas, cada una tenía unos 10 cromos y tenías que ir separándolos con cuidado para no romper las puntas. El precio irrisorio, dos reales o una peseta. Dentro de la caja los ordenabas, por tamaños, o los de flores, o los de brillantinas y los tenías contados para saber bien cuántos atesorabas.

Tenías tus favoritos, los que de ninguna manera querías perder y también
codiciabas alguno de los de tus amigas que intentabas ganar.

El juego consistía en que 2 o 3 jugadoras poníamos cada una 1 cromo en el centro y por turnos golpeábamos sobre ellos con la palma de la mano ahuecada y los cromos que después del golpe habían dado la vuelta viéndose su lado blanco eran los que habías ganado. De esta manera unas veces conseguías cromos muy bonitos y otras veces perdías alguno de tus preferidos.

Los cromos era un juego inocente de niñas cuando aún nos deslumbraban los colores vistosos porque hasta la televisión, si la había, era en blanco y negro. Juego de un tiempo de escasos recursos, tan justos que los juegos resultaban así de baratos : los cromos, los recortables, saltar a la cuerda, botar la pelota.

 

2 pensamientos en “Jugar a cromos

  1. Me ha encantado y he revivido esas tardes en el atrio del Buen Pastor, que sentadas en las escaleras, te alegrabas ganando algún cromo codiciado de tu compañera o te entristecías perdiendo alguno de tus favoritos.

  2. Se puede convertir en una estupenda manera de terminar el día.
    Estoy disfrutando de tu casa de la Calle Olite como si fuera la mía misma.
    Tantos recuerdos prácticamente iguales.
    Hoy me voy a la cama con una sonrisa gracias a tí.

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