Bibliotecas

 

Mi Biblioteca actual es el Koldo Mitxelena en San Sebastián. Libros al alcance de la mano, posibilidad de préstamo.

En el Fondo de Reserva me facilitan la Gramática griega o los textos de la Ilíada o bien libros cuya edición ya se remonta en los años.El único requisito para disfrutar de estos fondos es tener el carnet de usuaria.

Volvamos atrás, de nuevo al colegio de la niña que leía en alto en las clases de costura. La niña, ya adolescente, quería leer más y entonces se tenía que dirigir a la Hermana Leonor que era la que tenía la llave del armario al que llamaban Biblioteca.

Celia_en_el_colegio

La Biblioteca dichosa era sencillamente un armario empotrado normal y corriente lleno de libros. Se podía elegir: “La vida sale al encuentro” o “El diario de Ana María”, o el de Daniel, es decir cualquiera de los de aquel autor apellidado Martín Vigil que era el preferido en todos los colegios de curas y monjas.

Yo lo que quería realmente leer era, por ejemplo “Lucrecia Borgia”, que estaba prohibidísimo para nosotras o Sinuhé el egipcio, también en la lista de los no aptos

Los conseguía por otros medios. Así que leía a escondidas, con el libro colocado bajo la tapa del pupitre o en el silencio de la noche, en casa, en el comedor, cuando ya incluía los libros en mi “ajuar portátil”.

Así leí el mencionado de Lucrecia Borgia que efectivamente tenía algunos capítulos, como los del caballo, que te producían un cosquilleo entre las piernas. Leí por fin  “Sinhué el Egipcio” o “La ciudadela”

Leer, leer ha sido siempre mi gran pasión desde que compraba baratas las novelas de Plaza y Janés con mis primeros sueldos y leía a Pearl S. Buck , Grahan Green o Stefan Zweig.

 

Ahora ya compro pocos libros porque  todos están al alcance de la mano en los estantes de las Bibliotecas..

 

 

 

 

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